Nueve minutos. Si solo ves los primeros noventa segundos, ya habrá valido la pena: ahí están las tres frases que casi nadie le dice a quien vive con esto.
Siete días. Cada vez que apriete, lo anotas: la hora, qué pasó antes, qué hizo el cuerpo y una nota del cero al diez. Quince segundos.
Mientras la ansiedad sea una nube sin forma, parece infinita. Cuando la escribes una semana, deja de ser nube y se convierte en una lista. Y una lista tiene tamaño.
No hace falta nada más. Tres cosas, y ninguna lleva más de un minuto.
Entender, desarmar, reconstruir y mantener. Con los diez materiales y el Plan de Crisis de una página.
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